Son las tantas de la madrugada y hace como tres meses que no paro ni un minuto, la verdad es que mantengo un serio pulso con mi cuerpo… a ver quién cede primero. Tres meses… porque mi memoria no es capaz de retroceder mucho más allá. Son las tantas y acabo de abrir una cerveza porque me apetece. Lo bueno de Barcelona en primavera…
Acabo de editar otro premontaje de los avances del making of de 18 comidas, de Jorge Coira, creo que es el cuarto en una semana: no se trata de un trabajo, sino de un placer… Estuve un mes en Galicia rodando algo que me atrevo a denominar como un documental sobre cómo se vivió la experiencia de creación del film de improvisación.
Además, cosas de la vida, me han aprobado el proyecto final de carrera en la ESCAC —cometí la sobrada de presentar cuatro, todavía me acompaña cierta lumbalgia desde enero—. Se titula ¡Yo hice un curso de Yoga!, y se trata de una auténtica marcianada. Os adelanto una sinopsis: Dos desconocidos se quedan sin luz dentro de la sala de probadores de un gran centro comercial. Cuando salen a la tienda se llevan una gran sorpresa. Están encerrados y descubren que se acerca un peligro inminente y, literalmente, desorbitado. Sara es una maravillosa frígida y Ricardo es un palurdo salido; los instintos de supervivencia y de reproducción —o coito, a secas— nunca estuvieron tan reñidos… Bueno, a arriesgar toca, ¿no? ¡Yo hice un curso de yoga!, ¿qué se puede esperar de un título así? Pues una comedia juvenil, chispeante y fresca, y, por si fuese poco, llena de acción, de sexo e, incluso, con un meteorito que destruirá Barcelona. Que nadie me llame freak que la cosa es muy seria…
Sólo existen dos cosas importantes en la vida. La primera es el sexo y la segunda no me acuerdo.
Woody Allen
Si vas a hacer algo relacionado con el sexo, debería ser cuanto menos genuinamente perverso.
Grant Morrison
Si me he decidido a llevar adelante un proyecto tan loco como este, ha sido porque esconde mucho más de lo que superficialmente se muestra. Entre otras cosas, ¡Yo hice un curso de yoga!, trata de los impulsos naturales del ser humano, de su jerarquía y de cómo luchan entre ellos. Ante la inminente caída del meteorito, ante el peligro de muerte, lo primero que emerge es el impulso de supervivencia, tanto en Sara, como en Ricard; sin embargo, una vez que la huida de ese conflicto se hace imposible, Ricard se resigna, pero no porque no vea viable una escapatoria, sino porque emerge en él el instinto de reproducción —directamente vamos a llamarle instinto de fornicación— ante una belleza como Sara. Por eso, la intención del cortometraje no radica en poner por encima del instinto de supervivencia al instinto de fornicación, sino en mostrar cómo, dependiendo de la situación, el ser humano se deja llevar por el segundo caso. Ya podéis llamarme freak… y eso que no tenéis ni idea de cómo será climax de la historia… es para decir: ¡Me muero!
Si todo va como tiene que ir, la postproducción la haremos en Infinia (El Orfanato, etc.) y el meteorito será muy creíble… si no, una maqueta y a tirar pa’lante…
Además… tengo en mente rodar en Galicia el cortometraje intimista Solo con Fungo S. Coop. y el mediometraje Arxemiro… (que promete, con una superproductora que está trabajando mucho por sacarlo adelante… gracias!!!) Ya os hablaré del largometraje experimental De l’Amore!…













